Prédica Febrero 25

Conquistando a nuestros enemigos
Por: Pastora Kathy Ingman
25/02/2018

Hebreos 12:1. Cuando corremos una carrera en lo natural debemos hacerlo livianos, y espiritualmente es igual, porque hay pesos que nos harán lentos, nos cansarán o incluso van a sacarnos del camino. Estos pesos se convierten en nuestros enemigos y tenemos que estar preparados y armados para conquistarlos.

Hay dos enemigos muy sutiles que si tienen control sobre nosotros pueden ser letales y evitarán que alcancemos las promesas para nuestra vida: el resentimiento y la contienda.

Mateo 5:44-45. El resentimiento es el dolor que sentimos cuando alguien nos ha hecho daño y no le perdonamos. Hay veces que hemos sido muy lastimados, pero no hay nada que el amor de Dios no pueda restaurar y sanar. Nuestro enemigo se asegurará que siempre recordemos lo que hemos pasado para que vivamos resentidos y amargados, pero no olvidemos que nuestra salvación está basada en el perdón y a través de este es que conocemos el amor de Dios.

Debemos hacer una firme decisión de perdonar, pues el perdón no es una emoción, y esta decisión nos hará permanecer firme cuando vengan los recuerdos, pensamientos y sentimientos de dolor. Cuando perdonamos podemos cumplir la Palabra para orar y bendecir a los que nos hirieron. El poder del perdón viene de Dios y es poderoso para hacernos libres de la carga del resentimiento.

Cuando decidimos perdonar y dejamos a un lado el resentimiento, el amor de Dios comienza a fluir en nosotros y podemos ser sanados para superar las experiencias dolorosas y dañinas que vivimos. Siempre vamos a estar expuestos a ofensas, pero el amor es más fuerte que cualquier herida.

Debemos perdonar porque Jesús lo hizo primero, Él nos amó incluso antes de conocerle y estábamos en pecado. También debemos perdonar porque, al no hacerlo, somos nosotros mismos los primeros en sufrir por la amargura, es como tomar un veneno y esperar que le afecte a la otra persona.

Santiago 3:13-16. Contienda es un conflicto fuerte o amargo, es discordia, peleas, luchas y conflictos. Es competencia y rivalidad. Cuando permitimos esto en nuestra vida, estamos permitiendo que la confusión y cualquier cosa mala obre en contra nuestra. El enemigo siempre tratará de susurrarnos cosas para traer confusión y hacernos entrar en lucha y contienda.

1 Corintios 3:1-3. El objetivo de cada creyente debe ser el buscar crecer en Cristo y que las cosas antiguas desaparezcan, pero la contienda ahoga la Palabra de Dios en el corazón, la cual nos ayuda a madurar.

Proverbios 15:1. Una de las cosas más valiosas para un creyente es la paz de Dios, la cual debemos cuidar en nuestros corazones y hogares, además debemos ser portadores de ella para llevarla a donde vayamos en este mundo lleno de divisiones. Antes de permitirnos enojarnos con alguien, pensemos cuál será el costo para nosotros el hacerlo.

Si decidimos caminar en amor, el enemigo no puede alcanzar sus propósitos de resentimiento y contienda para nuestra vida. Solo así podemos madurar espiritualmente y avanzar para conquistar.

 

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