Prédica Julio 15

Guardar el corazón
Por: Pastora Chari Borja
15/07/2018

Proverbios 4:23. El Señor nos ha dicho que este es el año del fuego del Espíritu Santo, y por eso debemos estar preparados. En este versículo, la palabra guardar significa preservar, mantener, cuidar del peligro, observar con atención y fidelidad, y esto debemos hacerlo constantemente porque, por lo general, nos estamos cuidando de cosas externas, pero no guardamos el corazón del acceso sutil del enemigo.

El corazón nos habla de nuestra persona interior, el lugar donde se deposita todo lo que recibimos y es nuestra responsabilidad el guardarlo, pues, aunque muchas veces no podemos controlar lo que sucede alrededor nuestro, sí podemos hacerlo con nuestro corazón.

Hay tres cosas que nos ayudarán a cuidar y limpiar nuestro corazón:

1. Dejemos de culpar a otros. Juan 5:1-8. Hay muchos que, tal vez, se han sentido como este paralítico, están enfermos física o emocionalmente, o están pasando por problemas y no ven una salida, o enfrentan una parálisis espiritual, pero, así como este hombre, están en una posición pasiva, esperando que Dios lo haga todo o que alguien más haga algo en su favor. No debemos culpar a otros por nuestra situación, necesitamos cambiar de actitud y “levantarnos”, necesitamos dejar el pasado y comenzar a caminar en las promesas de Dios.

2. Cuidémonos de la lucha y la contienda. Santiago 3:13-16. Dios nos está pidiendo que seamos gentiles, la sabiduría se demuestra a través de nuestras buenas acciones y actitudes. Cuando la lucha está en el corazón se va acumulando hasta que estalla. Contender significa tener un conflicto fuerte y amargo, discordia, pelear y entrar en conflicto. Cuando dejamos que esto entre a nuestros corazones, le estamos permitiendo al enemigo que traiga confusión, inestabilidad, desorden y maldad a nuestra vida. La lucha y la contienda demuestran carnalidad en nuestras vidas.

3. Deshagámonos de la vieja naturaleza. Efesios 4:17-31 (NTV). Esta tarea la debemos hacer diaria y continuamente desde el momento que recibimos a Cristo y que requiere de toda nuestra atención. ¿Estamos viviendo como si conocemos a Dios y tenemos una relación con Él? Necesitamos vaciarnos de nosotros mismos y ser vasos limpios que Dios pueda llenar con su Espíritu.

¿De qué está lleno nuestro corazón? ¿Qué hemos depositado en él? Para saberlo revisemos nuestra boca y nuestras actitudes. De nuestro corazón salen todas las cosas, es un manantial del cual mana la vida, por eso necesitamos guardarlo. Lo que está ahí dentro es lo que va a producir nuestro futuro.

 

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