Prédica Septiembre 17

Dos historias paralelas
Por: Pastor Rolando Rodríguez
17/09/2017

Hechos 3:1-10. Así como el hombre en esta historia, hay personas que llegan a la iglesia con la motivación equivocada, esperando recibir algo, pero no llegan para buscar a Dios. Muchos, por enfocarse en alguna necesidad, se quedan “a las puertas” de la iglesia pero no entran para encontrarse con Dios, que es lo que realmente necesitan. Él nos puede dar lo que nadie nos podrá dar jamás.

Muchos buscan cosas temporales para apaciguar lo que les está sucediendo de verdad. Solamente buscan en la iglesia que alguna persona haga algo por ellos y ponen sus ojos en la gente, en lugar de ponerlos en Dios.

El hombre cojo es el centro de de esta primera historia. Él pedía limosna, cuando lo que necesitaba era sanidad divina, y muchos están en la misma situación, quieren paz cuando necesitan crecer en fe, quieren vencer su ira, pero necesitan perdonar, quieren ministerio cuando necesitan madurar primero.

En los mismos versículos encontramos la segunda historia también, que es la de Pedro y Juan, los cuales iban al tiempo de oración en el templo. Seguramente ellos tenían necesidades personales, por eso fueron a buscar del Señor. Dios quiere hacer de nosotros la respuesta a la oración de alguien más.

En estas historias podemos ver dos tipos de personas que van a la iglesia: los que se acercan a pedir algo y los que se acercan para conocer más de Dios. Estos últimos son los líderes.

Pedro no le predicó ni oró por este hombre, sino que habló a su situación y después le extendió la mano para que se levantara. Sí mismo, tal vez hay situaciones en nuestra vida a las cuales debemos hablar la Palabra con fe y hacer nuestra parte. Eso va a iniciar el milagro que necesitamos.

No podemos ser cómodos, debemos actuar sobre su Palabra. Hay algunas personas que conocen la Biblia, pero no la viven. No habrá cambio en nuestras vidas mientras no empecemos a vivir lo que recibimos de la Palabra.

Después que este hombre recibió su milagro, Pedro y Juan lo llevaron al Templo. ¿Qué pasaría si se levantan cristianos con la fe suficiente para creer que Dios puede transformar y hacer milagros en la vida de otros? Hay mucha gente cerca de nosotros que va “cojeando” por la vida sin saber que necesita de Dios, y está en nuestras manos llevarlos a la iglesia.

 

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