Prédica Septiembre10

Somos salvos para servir
Por: Pastor David Ingman
10/09/2017

Mateo 20:28 (NTV). Si somos cristianos, es decir seguidores de Cristo, no podemos buscar maneras para evadir nuestra responsabilidad, sino que debemos “doblarnos las mangas” y hacer nuestro trabajo: ser siervos.

Un siervo es una persona que sirve a otros, es una persona que está consciente de las necesidades de los demás. Un verdadero líder debe ser un siervo, pues sirve a la gente que está a su cargo. Líder y siervo, son sinónimos.

Como cristianos, hay dos principios básicos que necesitamos entender acerca del servir:

- Escoger servir como prioridad, aún sobre nuestros propios intereses. Recordemos que la Palabra nos dice que busquemos primero el Reino de Dios y entonces lo demás vendrá añadido; tenemos que pagar un precio por todo lo que vale en esta vida. El precio en su Reino es el servicio.

- Pensar siempre como un siervo. Lucas 22:27-28 (NTV). En el Reino de Dios, los más grandes e importantes son los que sirven.

Mateo 20:28. Hay dos formas como Jesucristo es personificado como “hijo” en la Biblia: Él es el Hijo de Dios y eso demuestra su divinidad; y también es el Hijo del hombre y eso demuestra su humanidad, lo que nos ayuda a relacionarnos con Él. Jesús es nuestro sumo sacerdote, pero también es nuestro ejemplo de un siervo perfecto.

Podemos ver cuatro características del servicio de Jesús, que todos debemos seguir:

1. Él sirvió siempre que tuvo la oportunidad y buscó oportunidades para hacerlo.
2. Él sirvió dondequiera que estuvo.
3. Él sirvió a cualquier persona que estaba en necesidad. Él no hizo acepción de personas, todos somos igual de importantes para Él.
4. Él estaba dispuesto a hacer lo que sea para servir a otros. A Él no le incomodaba ayudar a los demás.

Filipenses 2:5-7. Jesús actuó exactamente como su Padre, quiso ser igual a Él en todos los aspectos, incluso en el servicio. El mismo Dios del universo es un siervo por naturaleza.

Entonces ¿no debemos ser cada uno de nosotros siervos? Servir es parte de nuestra naturaleza tanto humana como divina. No existe un llamado tan grande como el servicio. Lo único que llevaremos al cielo serán los frutos de nuestro servicio. ¡Es el tiempo de empezar a servir!

 

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