Deja que Dios intervenga en tu situación
Por: Pastor David Ingman

El Salmo 68:1 declara: “Levántese Dios, y sean esparcidos sus enemigos; y huyan de su presencia los que le aborrecen.”

Esta es una poderosa oración y declaración. Se utiliza para invocar la protección divina y la victoria sobre los adversarios, tanto físicos como espirituales. Es un clamor para que Dios actúe a favor de sus hijos, haciendo que toda oposición huya, así como el humo se disipa y la cera se derrite ante el fuego.

Esta frase tiene su origen en Números 10:35, cuando el arca del pacto se ponía en marcha y Moisés decía: “Levántate, oh Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen.” Esta oración se convirtió en una petición constante de protección divina, pidiéndole a Dios que fuera delante de ellos y venciera toda oposición en su difícil trayecto.

Por eso, este versículo no es solo una frase, sino una oración intercesora y una estrategia espiritual. Cuando enfrentamos momentos difíciles o grandes necesidades, es el tiempo de clamar a Dios y permitir que Su poder actúe a nuestro favor. Muchas veces intentamos pelear nuestras propias batallas, cuando lo más sabio es dejar que Dios lo haga por nosotros.

La Biblia nos dice: “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” (Éxodo 14:14).

Hay algo poderoso en aprender a estar en calma, a permanecer quietos y confiar en que Dios obrará. Es como un remedio santo en medio de cualquier situación difícil.

Isaías 40:31 nos dice: “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”

Este versículo nos anima a mantener una espera activa y llena de fe, confiando en el tiempo de Dios y no en nuestras propias fuerzas, para recibir renovación, fortaleza y restauración.

Cuando un hombre llamado Jahaziel habló proféticamente al rey Josafat y al pueblo ante una gran amenaza: “…No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande,
porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.” (2 Crónicas 20:15).

Además, Jesús mismo nos dejó esta promesa en Mateo 16:18: “…y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”

Cuando permitimos que Dios tome el control de nuestras batallas y dejamos de luchar con nuestras propias fuerzas, entonces nuestros enemigos serán dispersados y derrotados. Todo poder que se levante en contra de nosotros se disipará.

En estos tiempos oscuros que vivimos, podemos confiar en el poder de Dios peleando a nuestro favor, tal como nos recuerda también 2 Corintios 10:4-5, donde se nos enseña que nuestras armas no son humanas, sino poderosas en Dios para destruir fortalezas.

© 2022 Comunidad de Fe by Cdfe Media

Síguenos en: