Dios quiere Su casa llena
Por: Pastor Danny Serrano

Lucas 14:16–23.

Desde los comienzos de nuestra iglesia, amábamos estar ahí reunidos. Éramos gente imperfecta buscando a un Dios perfecto. Gente rota buscando a un Dios que sana. Gente necesitada encontrándonos con un Dios que suple. Éramos esos pobres, lisiados, ciegos y cojos de la parábola, hasta que un día nos invitaron a la casa del Señor. Debemos estar agradecidos por la persona que nos llevó a los pies de Jesús.

Pero aún hay espacio en la casa de Dios. Y Él quiere que la llenemos. Entonces, ¿por qué hemos dejado de compartir las Buenas Nuevas?

Hechos 16:22–34. De esta historia aprendemos cuatro verdades poderosas:

1. Evangelizar es fruto de la comunión con el Espíritu Santo. Pablo estaba dispuesto a obedecer la dirección divina. Es el Espíritu Santo quien pone carga por los perdidos.
Él te dice: “Acércate. Háblale. Ayúdalo”. La verdadera conversión te lleva a cumplir la Gran Comisión (Mateo 28). Dios dirigirá tus pasos, incluso en momentos difíciles, para que alcances a otros.

2. Los milagros apuntan a ganar almas. Todo lo que les ocurrió a Pablo y a Silas tenía como objetivo que una persona, el carcelero, fuera salva. Los milagros tienen propósito: ser como Cristo, glorificar a Cristo y que otros conozcan a Cristo. La iglesia primitiva buscaba ganar almas, y Dios la respaldaba con milagros. Dios opera milagros en la vida de aquellos que viven para ganar a otros para Cristo Hoy muchos buscan milagros, pero no discípulos, pero, cuando persigues la Gran Comisión, los milagros te siguen.

3. Los no creyentes te están observando. En la cárcel, Pablo y Silas no cantaban para impresionar, sino porque, aun injustamente presos, estaban agradecidos. Tus reacciones frente al problema son tu mayor testimonio. Muchos no leerán la Biblia, pero leerán tu vida, porque no se trata solo de invitar, sino de imitar a Cristo.

4. Necesitamos compartir la Palabra. Cuando el carcelero intentó suicidarse, Pablo intervino y luego compartió la Palabra. Muchos se quedan solo en animar, pero no predican. Tu testimonio puede inspirar, pero la Palabra es la que transforma. Esa transformación real va a causar conversiones reales y multiplicador como el carcelero que les llevó a su casa para que les predique.

El mensaje no puede quedarse en ti, debe reproducirse en tu casa, en tus hijos, en tu trabajo, en tu universidad, en tu barrio, etc.

Dios quiere Su casa llena y todavía hay lugar. Todavía hay espacio. La pregunta es: ¿Vas tú a invitar?

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