Hay mucho más
Por: Pastor Rolando Rodríguez
Juan 10:10b. En Jesús ya tenemos vida eterna. Pero ¿es eso todo?
Juan 10:10b (Versión amplificada): «Yo he venido para que tengan y disfruten la vida, y la tengan en abundancia, en plenitud, hasta que se desborde».
Esto cambia la perspectiva: Dios no quiere que simplemente vivamos o existamos, sino que disfrutemos la vida. La vida no se trata solo de fechas, sino de momentos y etapas; no consiste únicamente en llegar a un destino, sino también en disfrutar el camino.
1 Timoteo 6:17. Podemos pensamos que disfrutar la vida está mal o que no es la voluntad de Dios. Sin embargo, la Biblia dice lo contrario. Dios nos da cosas en abundancia para disfrutarlas. No tenemos que sentirnos culpables por eso ni creer que vivir estresados o angustiados es señal de espiritualidad.
Tres cosas que nos impiden disfrutar la vida:
1. Envidia y celos. Job 5:2. La envidia es la insatisfacción que sentimos ante los logros, las capacidades, la posición o las bendiciones de otros. Este sentimiento nos roba la felicidad y puede impedirnos recibir lo que Dios tiene para nosotros.
La envidia estuvo detrás de la traición de los hermanos de José y de las acciones de los líderes religiosos que entregaron a Jesús.
1 Corintios 13:4b. La envidia no solo es pecado, también es falta de amor y una expresión de egoísmo. Nuestra vida comienza a cambiar cuando aprendemos a alegrarnos sinceramente por las bendiciones de los demás.
2. Falta de perdón. Mateo 6:14-15. La falta de perdón afecta nuestra relación con Dios y nos roba la paz. Por eso debemos preguntarnos: ¿a quién necesito perdonar?
El perdón es una decisión, no un sentimiento. Hay muchas razones para hacerlo: para tratar a los demás como Jesús nos ha tratado, por obediencia a Dios, porque confiamos en la justicia de Dios, para tener paz en nuestro corazón, porque hacer el bien a nuestros enemigos debilita la influencia del mal y porque la falta de perdón contamina el ambiente que nos rodea.
3. Remordimiento por el pasado. No hablamos aquí del arrepentimiento por el pecado, sino del remordimiento por malas decisiones, oportunidades perdidas o experiencias dolorosas que nos mantienen atados al pasado. Jesús ya pagó el precio por nuestros pecados, faltas y errores. No tenemos que vivir cargando una culpa que podemos entregar a Dios.
Hebreos 9:14. Salmo 32:5 (NTV). Si Dios ya nos perdonó, ¿por qué seguimos viviendo atados a la culpa del pasado? Debemos desarrollar la capacidad de soltar, no de acumular recuerdos dolorosos, culpas y remordimientos. Aprendamos del pasado, confiemos en Dios para nuestra sanidad y dejemos atrás aquello que nos impide avanzar.
¡Suelta el pasado y decide disfrutar la vida, valorando cada momento que Dios te permite vivir!
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