Inevitable
Por: Pastor Rolando Rodríguez

Hay cosas en la vida que son inevitables. Se suele decir que solo hay dos certezas: la muerte y los impuestos. Sin embargo, hoy quiero hablar de otra realidad que también es inevitable. Aunque nadie la desea, Dios puede usarla para nuestro bien: la aflicción.

La historia de Sadrac, Mesac y Abed-nego nos muestra que incluso quienes son fieles a Dios pueden enfrentarse a pruebas inesperadas. El rey Nabucodonosor levantó una enorme estatua de oro y ordenó que todos la adoraran. Ellos se negaron, aun sabiendo las consecuencias.

Daniel 3:16-23. Su fe no dependía del resultado. Ellos sabían que Dios podía librarlos, pero aun si no lo hacía, seguirían siendo fieles. De un momento a otro, ellos enfrentaron el desafío más grande de sus vidas.

Esto nos lleva a una pregunta inevitable: ¿por qué tenemos que pasar por aflicciones?

Juan 16:33. La aflicción es parte de la vida. Jesús nunca prometió una vida sin dificultades.

1 Pedro 4:12-13. Las pruebas no siempre son consecuencia de haber hecho algo malo, pero Dios usa las aflicciones para perfeccionarnos y purificarnos, tienen un propósito. (Hebreos 2:10).

Muchas veces, la aflicción logra lo que la comodidad nunca pudo. Nos corrige, endereza nuestro camino y nos acerca a Dios. Entonces, la mejor manera de enfrentar la aflicción es atravesándola junto a Dios.

Daniel 3:24-28. Dios no evitó que entraran al horno. Entró con ellos.

El fuego rompió sus ataduras. Es decir que Dios usa las aflicciones para romper cadenas que llevamos durante años como pecados, malos hábitos, incredulidad, heridas del pasdao y malas experiencias. El fuego no destruye al creyente; destruye aquello que lo mantenía esclavo.

El fuego también revela la presencia de Dios, porque es precisamente en la aflicción donde conocemos a Dios de una manera que nunca habíamos experimentado. A Dios le agrada manifestarse en medio del fuego.

1 Pedro 5:9-10. La aflicción no será para siempre, tiene fecha de caducidad, tien un final.

Salmo 107:6. Clama a Dios en medio de la prueba. Él escucha y Él libra. Después de la prueba viene fortaleza, firmeza, estabilidad. La clave es no rendirse. No te detengas a mitad del proceso. Sigue caminando. Hay gloria al otro lado.

Muchas veces creemos que una puerta cerrada, un ascenso que no llegó o una oportunidad perdida son el final de la historia. Sin embargo, Dios sigue escribiendo nuestro futuro, y lo que hoy parece una pérdida puede convertirse mañana en una bendición mucho mayor.

Juan 16:33. La paz no proviene de la ausencia de problemas, sino de la presencia de Cristo en nosotros. Él tiene autoridad sobre cada una de nuestras aflicciones. En Él encontramos la fuerza para permanecer, la esperanza para seguir adelante y la victoria para salir del otro lado.

Las aflicciones son inevitables, pero no son inútiles. No temas al horno. Si Dios permite que pases por él, también caminará contigo dentro del fuego.

Y cuando salgas, no solo habrás sobrevivido: saldrás más libre, más fuerte y con un testimonio que glorificará el nombre de Dios. En Cristo Jesús somos más que vencedores.

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