La ruta de la bendición
Por: Pastor Iván Pirela
La mayor preocupación de un padre no es el presente, sino el futuro de sus hijos: que les vaya bien, que se desarrollen y que alcancen su propósito, porque creemos que Dios tiene un plan para ellos. La gran pregunta es esta: ¿cómo podemos los padres convertirnos en colaboradores de ese propósito y no en obstáculos de su destino?
Efesios 6:1–3. En estos versículos, Dios nos dejó un mapa completo para la familia. No es suerte. No es casualidad. Es un modelo. Cuatro palabras que forman una cadena de éxito y bendición para la vida de un hijo. Si un eslabón se rompe, el destino se altera. Recorramos esta ruta:
1. Obedecer (La instrucción). Juan 14:15. La ruta comienza con la instrucción. Debemos entender algo fundamental: la obediencia no es un instinto. Nadie nace sabiendo obedecer; es una habilidad que nosotros, como padres, debemos entrenar.
Ese aprendizaje ocurre en tres etapas claras: Primero, obedecen porque se les dice (autoridad). Luego, obedecen porque lo entienden (razón). Finalmente, obedecen porque comprenden que les conviene (sabiduría). Este es el corazón de la disciplina: un hijo que no aprende a respetar la autoridad en casa será quebrado por la autoridad de la vida. Nuestro trabajo no es evitarles reglas, sino prepararlos para la realidad.
2. Honrar (La actitud). La obediencia, por sí sola, puede volverse mecánica. Por eso el segundo eslabón es la honra. La honra es reconocer el valor del otro. La honra es el nivel superior: obedecer con el corazón. Aquí muchos fallamos, porque la honra no se impone por decreto; la honra se absorbe. Nuestros hijos aprenden a honrar observando cómo papá y mamá se honran entre sí y cómo honran a sus propios padres. Si no hay honra en casa, la obediencia será un uniforme que se quitarán en cuanto crucen la puerta.
3. Bienestar y disfrute (La protección). Cuando un hijo camina en obediencia y honra, llega al tercer eslabón: el bienestar. A veces tememos que los límites quiten la felicidad a nuestros hijos. Pero en el diseño de Dios, la obediencia no quita la felicidad: la protege.
4. Larga vida (El destino). Finalmente, la ruta llega a su destino: larga vida. Y no hablamos solo de sumar años, sino de la calidad del camino. Un hijo con estos eslabones bien forjados evita los caminos de autodestrucción. Construye un futuro sólido porque sabe quién es y a quién responde.
Para que esta ruta se mantenga firme, necesitamos entender qué sostiene la estructura: el hogar. La palabra hogar proviene del latín focāris, que significa fuego. Dios nos dio un hogar no solo como un techo, sino como el lugar donde mantenemos encendido el fuego de Su amor y de Su verdad.
Como padres intencionales, nuestra labor más sagrada es ser guardianes de ese fuego, asegurándonos de que las llamas de la identidad y el propósito nunca se apaguen. Nadie puede reemplazar nuestro lugar. Ni la escuela, ni la iglesia, ni un psicólogo, ni una pantalla.
Dios nos confió la sagrada tarea de ser guardianes del propósito de nuestros hijos.
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