El gozo que le esperaba
Por: Pastor Marcos Witt
Uno de los versículos más poderosos de la Escritura se encuentra en Hebreos 12:2: «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.»
Vivimos en un mundo que constantemente intenta desviar nuestra atención hacia las malas noticias, los problemas económicos, las dificultades familiares o las circunstancias adversas. Sin embargo, la exhortación de la Palabra es clara: debemos fijar nuestra mirada en Jesús.
Él es el iniciador y perfeccionador de nuestra fe. Y la Escritura nos revela algo extraordinario: Jesús soportó la cruz por el gozo que le esperaba. La cruz representaba el sufrimiento más cruel que el ser humano podía experimentar. Significaba dolor, tortura, vergüenza, rechazo y humillación. Sin embargo, Cristo decidió permanecer en ella.
Mateo 26:39. Antes de llegar al Calvario, Jesús atravesó una intensa batalla en el huerto de Getsemaní. Como hombre, Jesús conocía el sufrimiento que estaba por venir. Experimentó una angustia tan profunda que la Biblia describe cómo sudó gotas de sangre. Allí rindió completamente su voluntad al Padre, y en ese momento comenzó nuestra victoria. Pudo haber evitado la cruz, pero eligió obedecer porque estaba pensando en nosotros.
Por eso, cuando atravesamos momentos de angustia, dolor o estrés, podemos confiar en que nuestro Salvador comprende perfectamente lo que estamos viviendo. Él pasó por el sufrimiento para que nosotros pudiéramos vivir en victoria. Jesús conoce nuestro dolor. Cristo fue acusado falsamente, traicionado, rechazado y burlado.
Isaías 52:14. Cada golpe, cada herida y cada gota de sangre tenían un propósito: llevar sobre sí nuestro castigo para que nosotros recibiéramos perdón y libertad. Jesús soportó todo ese dolor porque veía algo más allá de la cruz.
La pregunta es inevitable: ¿qué gozo podía haber delante de alguien que estaba sufriendo semejante tormento? La respuesta es conmovedora: El gozo que le esperaba éramos nosotros.
Mientras colgaba en la cruz, Jesús veía a hombres y mujeres siendo perdonados por su sangre. Veía familias restauradas, hijos transformados, generaciones sirviendo a Dios y vidas rescatadas del pecado. Vio hogares restaurados, corazones sanados y creyentes llevando la luz de Cristo a las naciones. Ese fue el gozo que lo sostuvo en medio del sufrimiento.
Apocalipsis 5:9. Su sangre fue suficiente. La obra de Cristo en la cruz fue completa y perfecta. No existe sacrificio adicional que el ser humano deba hacer para pagar por sus pecados. Jesús pagó el precio completo. Su sacrificio fue perfecto.
1 Corintios 15:54-57. Su victoria es nuestra victoria. La muerte fue derrotada. Cristo resucitó y hoy reina glorificado a la diestra del Padre. La cruz está vacía porque Él venció. Ahora está sentado a la diestra del Padre, el lugar de autoridad, victoria y triunfo.
Por eso hoy podemos vivir confiados, agradecidos y victoriosos. No hay mayor alegría para Jesús que ver a sus hijos caminando en la victoria que Él compró con su sangre. Jesús es nuestra victoria.
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