TENEMOS LA RESPUESTA

Hay algo maravilloso que nosotros hemos recibido y que el mundo necesita conocer: tenemos esperanza, tenemos paz y, sobre todo, conocemos a Jesús.

La Palabra nos recuerda que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo, pero también nos hace una pregunta desafiante: ¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si nadie les predica? (Romanos 10:8-16).

Tenemos que llevar la respuesta. Tenemos que llevar a Jesús dondequiera que vayamos.

  1. AMEMOS LO QUE DIOS AMA

La razón para alcanzar a otros no debe ser una obligación, sino un genuino amor por las personas.

Dios nos mostró ese amor entregando a su Hijo para que todo aquel que crea en Él tenga vida eterna (Juan 3:16). Y Jesús nos enseñó que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:37-39).

“Lo que nos lleva a ganar a los perdidos es un genuino amor por las almas.”

  1. SEAMOS COMO EL BUEN SAMARITANO

Jesús contó la historia de un hombre que necesitaba ayuda. Un sacerdote y un levita lo vieron y siguieron su camino, pero el samaritano lo vio, tuvo compasión, se acercó y actuó (Lucas 10:29-35).

El samaritano también tenía cosas que hacer y un lugar adonde llegar, pero estuvo dispuesto a detenerse ante la necesidad de alguien.

Jesús es nuestro mayor ejemplo de una vida entregada a los demás (Filipenses 2:7-11).

No necesitamos tener todo resuelto para ayudar a alguien. Muchas veces, mientras nosotros también atravesamos procesos, Dios puede utilizarnos para llevar esperanza a otra persona.

  1. TODOS PODEMOS HABLAR DE JESÚS

No necesitas ser pastor, líder o experto en la Biblia para compartir las buenas nuevas.

Después de que Jesús liberó al gadareno, le dijo: “Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti” (Lucas 8:38-39).

Ese hombre simplemente salió a contar su testimonio.

“Un encuentro con Jesús es todo lo que necesitas para compartir las buenas nuevas.”

Quizás esa persona está en nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro barrio, nuestra universidad o entre nuestros amigos.

  1. NO SOLO ALCANCEMOS PERSONAS, CUIDEMOS DE ELLAS

El buen samaritano no solamente se acercó al hombre herido; curó sus heridas, lo llevó a un lugar seguro y cuidó de él (Lucas 10:34).

De la misma manera, nuestra misión no termina cuando alguien llega a la iglesia o recibe a Jesús. Debemos acompañarlo, cuidarlo y ayudarlo a crecer.

Esta es la Gran Comisión: ir, hacer discípulos, bautizarlos y enseñarles, con una maravillosa promesa de Jesús: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:16-20).

TENEMOS LA RESPUESTA

Iglesia, hay personas esperando conocer la esperanza que nosotros ya encontramos.

Veamos la necesidad. Tengamos compasión. Acerquémonos. Hablemos de Jesús. Y cuidemos de las personas que Dios pone en nuestro camino.

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