Un corazón por los perdidos
Por: Pastora Chari Borja
Según las estadísticas, alrededor de 170.000 personas mueren cada día en el mundo. ¿A dónde van? No podemos hacer mucho por todos, pero sí podemos hacer algo por las personas que Dios ha puesto a nuestro alrededor. Para ello, necesitamos tener el corazón de Dios por los perdidos.
Lucas 15:3-10. En lo natural, una oveja sabe si está perdida. Puede balar esperando escuchar una respuesta. Entra en pánico y puede quedarse paralizada o correr sin dirección. Si se asusta, puede quedar atrapada en los matorrales, estar a punto de caer por un barranco o quedar entre espinos sin saber cómo regresar.
¿Cuántas personas están así? Personas atrapadas en matorrales de pecado, en barrancos de depresión, a punto de caer; personas atrapadas en los espinos de la rebelión, la desesperanza, la soledad y el dolor. La oveja perdida es vulnerable al ataque del enemigo porque está sola.
Y allí vemos el corazón del Buen Pastor: deja las noventa y nueve y va en busca de la que está perdida.
Lucas 15:11-32. En esta historia, el padre estaba expectante y anhelante por el regreso de su hijo; por eso, cuando corrió a su encuentro, lo recibió con amor. Porque el corazón del Padre siempre espera el regreso de los pródigos. Debemos clamar por ellos, para que vuelvan en sí y regresen a casa.
Lucas 15:8-10. ¿Por qué el Señor utilizó el ejemplo de una moneda? Entendemos el ejemplo de la oveja porque el Señor es el Buen Pastor. Entendemos el ejemplo del hijo pródigo porque representa el corazón del Padre.
La moneda, en cambio, puede representar a esa persona que, aparentemente tiene todo bien en su vida: bienes materiales, éxito y reconocimiento, pero por dentro está mal. Está perdida dentro de casa y no lo sabe.
La mujer de la parábola representa a la Iglesia. El Señor espera que nosotros, como Su Iglesia, tengamos el corazón para buscar a los perdidos. Así como la moneda, una persona que está perdida y no tiene una relación con Dios puede no saber que fue creada a imagen y semejanza de Dios.
De esta parábola podemos aprender tres acciones fundamentales:
1. Toma responsabilidad por la pérdida. La mujer no se quedó indiferente. Se involucró. Buscó. Tomó responsabilidad. De la misma manera, no podemos ser indiferentes ante las personas que están perdidas a nuestro alrededor.
2. Enciende la lámpara. La mujer encendió una lámpara para poder encontrar la moneda. En aquella época se utilizaban lámparas de aceite. Esto nos recuerda nuestra necesidad de la presencia, la unción y la guía del Espíritu Santo para alcanzar a las personas con el mismo corazón de Dios.
3. Barre la casa y busca diligentemente. La mujer barrió la casa y buscó con diligencia hasta encontrar la moneda. Esto nos habla de limpiar la casa con la Palabra de Dios y permitir que el Señor quite de nuestro corazón todo aquello que puede impedirnos ver a los perdidos.
La Iglesia debe ser un lugar donde las personas puedan encontrar el corazón de Dios, identidad, propósito y seguridad en Cristo.
Isaías 52:7. Somos llamados a llevar las buenas nuevas. Vamos por las ovejas perdidas. Intercedamos para que los pródigos vuelvan a casa. Busquemos a aquellos que no saben que están perdidos, hasta encontrarlos. Y cuando los encontramos, los llevamos al lugar donde puedan descubrir su identidad y propósito en Cristo, y depositarlos en el corazón de Dios y en la casa de Dios.
Que Dios nos dé un corazón por los perdidos
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