El combustible que necesitas
Por: Pastor Martín Holguín
31/01/2021

Todos queremos saber lo qué sucederá en estos últimos tiempos, sin embargo, lo más importante es estar preparados para lo que sea que venga, cuando sea que venga.

Mateo 25:1-13. En esta parábola, el aceite de las lámparas es algo central, porque de esto dependía que las vírgenes estuvieran listas o no. En el antiguo medio oriente, el aceite tenía muchos usos, uno de ellos, como en esta historia, era combustible para mantener encendidas las lámparas.

Si el aceite es el combustible que nos debería mantener encendidos, entonces, la pregunta que cada uno tenemos que hacernos es: ¿Tengo este combustible en mí para mantenerme encendido? Las vírgenes insensatas sí tenían aceite, el problema es que no tenían lo suficiente.
Entonces, ¿Cómo se ve un creyente que tiene suficiente combustible y cómo se ve uno que tiene el mínimo necesario?

Los creyentes que tienen el mínimo necesario, son aquellos que, lastimosamente, buscan a Dios lo mínimo necesario. Algunos lo tienen como un seguro de vida, otros como un amuleto de la buena suerte. Para ellos, Dios es el equivalente al “genio de la lámpara maravillosa”, al que buscan solo cuando hay problemas.

No está mal buscar que Dios nos bendiga, pero necesitamos madurar en nuestra relación con Dios. Muchos buscan a Dios para que les vaya bien en esta vida, pero no le buscan para que Él haga Su voluntad en ellos.

Hay una diferencia entre venir a la iglesia para que Dios nos dé una bendición, y hacerlo porque queremos que Él nos haga una bendición para otros.

Los creyentes que tienen suficiente combustible son quienes se mantienen creciendo. No son perfectos, pero buscan continuamente de Dios y buscan parecerse más a Jesús. Son personas que obedecen a Dios por amor y gratitud. Son personas que lo aman por quién es Él y no por lo que puede darles. Y cuando el combustible se enciende en ellos, empieza un gran fuego.

Colosenses 1:6 (NTV). Hay muchos cristianos que no entienden de dónde nos ha sacado el Señor, de cuán rotos estábamos, de lo pecadores que fuimos y de cuánto nos ha perdonado. En Lucas 7 se nos habla de una mujer, que vino a Jesús a derramar un perfume caro a sus pies. Ella era una prostituta, pero era tan consiente de lo rota que estaba, de lo lejos que se encontraba de Dios, de lo necesitada de gracia y misericordia que estaba. En cambio, el fariseo que había invitado a Jesús a su casa, ni siquiera le ofreció agua para limpiar sus pies.

A esta mujer, le fue revelada la gracia de Dios. Es esa gracia lo que produce un cambio en nuestras vidas, es el combustible, el aceite que necesitamos.

Seguramente, aquella mujer estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por el Señor. En cambio, la obediencia sin amor, se vuelve una carga muy pesada de llevar. La obediencia es como un tendido de rieles que nos encaminan a un destino; pero de nada sirven las rieles si nuestra locomotora no tiene combustible.

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