¿Eres un discípulo o sólo un creyente?
Por: Pastor David Ingman
07/04/2019

En la vida de todo creyente, hay un momento donde debe crecer y apuntar hacia la madurez en su camino con Dios, en otras palabras, siempre llegará el tiempo en que debemos dejar de vivir para nosotros mismos y comenzar a vivir en el propósito divino para nuestras vidas.

En lo natural hay una inmensa diferencia entre la niñez y la edad adulta y es igual en lo espiritual. Ninguno de nosotros hubiera querido permanecer en la infancia por el resto de nuestra vida, ¿verdad? Sin embargo, muchos cristianos simplemente no quieren crecer.

1 Corintios 13:11 (NTV). Pablo mencionó tres acciones o procesos muy importantes que tienen que ocurrir mientras maduramos en Cristo: nuestro hablar, nuestro pensar y nuestro razonar o juzgar deben basarse en la Palabra. En diferentes cartas, Pablo escribió a las Iglesias que no imiten la carnalidad en él, sino más bien que imiten las características de Cristo en él.

Mateo 28:16-20. Hay una cosa que podemos ver claramente en la vida de Pablo: él era un productor. Él llevó mucho fruto para el Reino de Dios y eso es exactamente lo que el Señor espera que cada uno de nosotros hagamos. Todos somos llamados a producir. ¿Qué debemos producir? ¡Discípulos! Pero antes de poder hacerlo, debemos pasar por la transición de ser solamente creyentes a convertirnos en verdaderos discípulos de Jesús. Es un proceso de transformación en la vida de todo creyente. Un “creyente transformado” es un discípulo y su función es dar fruto, o en otras palabras producir otros discípulos.

Juan 15:16 (NTV). Como podemos ver en este versículo, Jesús mismo nos escogió a cada uno de nosotros y nos dio la misión de producir otros discípulos que permanezcan en el rebaño de Dios, que crezcan hasta la madurez y que también produzcan más discípulos. Esta es la visión de Comunidad de Fe a través de las células. La Biblia nos dice que fuimos llamados para una misión desde el vientre de nuestra madre.

Entonces tenemos dos clases de personas en la Iglesia: creyentes y discípulos. Si somos solo creyentes en Jesús, entonces no debemos parar ahí, sino que debemos continuar el proceso hasta convertirnos en verdaderos discípulos de Cristo. No podemos solamente estar en el lugar de recibir, sino debemos llegar al lugar de dar.

Cuando todos estemos delante del Juicio del Señor algún día, el único fruto que será medido y juzgado es el “fruto de las almas” que fueron salvadas y transformadas en discípulos a través de nuestro esfuerzo en este mundo. No fuimos salvados solo para disfrutar de nuestra vida, sino para compartir el gozo de nuestra salvación con otros. Pero tenemos apenas una ventana de tiempo para hacerlo, el reloj está corriendo.

Romanos 1:16. Cada vez que compartimos el Evangelio con alguien, el poder de Dios es liberado en la tierra, aunque tal vez no lo veamos o sintamos es así.

Hacer discípulos es un proceso de toda la vida. El éxito de una Iglesia no se mide por el número de miembros que tiene, sino por el número de discípulos que ha producido.

 

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