La fe
Por: Pastor Rolando Rodríguez
12/05/2019

1 Reyes 19:3-5. A veces pensamos que lo que nos pasa, solo nos pasa a nosotros y que nadie más se ha sentido como nos sentimos cuando estamos atravesando ciertas circunstancias. A veces nos sentimos igual que el profeta Elías es estos versículos: solos, hambrientos, cansados y con ganas de morir, es decir desanimados.

Mateo 9:2. Cuando leemos la historia de este hombre, podemos ver que no tenía fe, pues se creía indigno, sobre todo después de ser bajado por un techo y ponerse en frente del Hijo de Dios. Pero Jesús perdonó sus pecados. Y al igual que este paralítico, tenemos que saber que, aunque nos hayamos equivocado constantemente y tomado malas decisiones, si nos acercamos y pedimos perdón, Él nos muestra su misericordia.

Hechos 23:11. Aquí vemos a Dios, una vez más, animando, aunque todo parezca perdido a nuestros ojos. Lo mejor está por venir, pues Él no ha terminado con nosotros, lo que nos está pasando hoy no es el fin de nuestra vida. Tan solo debemos confiar.

1 Juan 5:4. ¿Qué necesitamos para salir adelante y vencer el desánimo? Nuestra fe. Dios nos ha dado a toda una medida de fe, y esa cantidad de fe que tenemos es suficiente para enfrentar lo que se nos ponga por delante. Además, este versículo nos dice que, si somos nacidos de Dios, ya hay victoria en nuestra vida.

Marcos 5:25-29. Aquí tenemos un ejemplo de alguien que supo moverse en fe y de quien podemos aprender:

– Ella oyó hablar de Jesús, dejando a un lado lo que el mundo le había hablado sobre su enfermedad. Es tiempo de que escuchemos lo que Dios tienen para decirnos en nuestra situación, ese es el principio de la salida.

– No solo escuchó, sino que empezó a verse sana. Nosotros también debemos empezar a vernos del otro lado, en victoria sobre las circunstancias.

– Empezó a confesar lo que quería ver en su vida. Necesitamos cambiar nuestras palabras, dejar de quejarnos y hablar cosas buenas.

– Ella perdonó y se pudo levantar en fe.

– Hizo un esfuerzo para acercarse a Jesús. Podemos demostrar nuestra fe cuando tenemos acciones correspondientes.

Si por mucho tiempo le hemos creído al enemigo, es tiempo de que empecemos a creerle a Dios para que nuestras circunstancias cambien. La fe verdadera no cambia con el tiempo.

 

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