Levantando bases sólidas
Por: Pastor Rolando Rodríguez
En toda construcción, las bases son fundamentales. Mientras más grande sea la construcción, más sólidas y profundas deberán ser sus bases. Además de la Palabra de Dios, la oración y la iglesia, la Biblia nos enseña otros pilares esenciales para construir una vida estable y agradable a Dios.
Miqueas 6:8. Dios ya nos ha declarado lo que es bueno. La pregunta es: ¿estamos escuchando? Este versículo no presenta una sugerencia, sino una instrucción clara de parte de Dios. Él nos pide estas cosas porque sabe que son buenas para nosotros y constituyen bases sólidas para nuestra vida. Dios nos pide tres cosas:
1. Hacer justicia. Es vivir de una manera que agrade a Dios. Él ama la justicia porque Él mismo es justo. Cuando hacemos lo correcto, reflejamos Su carácter y nos parecemos más a Él. Génesis 15:6. Hacemos lo justo cuando le creemos a Dios.
Salmo 11:7. Salmo 15:1-2. Dios ama la justicia, y esta se refleja en una vida íntegra, sincera y comprometida con la verdad.
2. Amar misericordia. Lamentaciones 3:22-23. La misericordia es no recibir el castigo que merecemos. Por ejemplo, si una persona se pasa un semáforo en rojo y el policía decide perdonarla, está recibiendo misericordia. Y Dios ha tenido una inmensa misericordia con nosotros.
Mateo 5:7. Lucas 6:36. Dios no solo espera que recibamos misericordia; sino también que la extendamos a otros como Él la ha extendido hacia nosotros. Quienes muestran misericordia también recibirán misericordia.
Efesios 4:32. La misericordia afecta la manera en que juzgamos, hablamos y tratamos a los demás. Nos recuerda que nosotros también somos imperfectos y necesitamos constantemente la gracia de Dios. Si Dios nos perdonó, también espera que perdonemos a los demás.
3. Humillarnos ante Dios. Es reconocer que sin Él nada somos. Es dejar de lado el orgullo y aceptar que dependemos completamente de Él. Es saber que Dios ocupa el primer lugar en nuestra vida y que necesitamos Su dirección para todo.
Santiago 4:10. La verdadera humildad comienza en el corazón y se desarrolla mejor en la intimidad con Dios. Cuando aprendemos a humillarnos en privado, Dios se encarga de levantarnos públicamente.
Filipenses 2:3. Las motivaciones son importantes para Dios, por eso debemos preguntarnos: ¿Hago las cosas por orgullo o vanidad? ¿Busco reconocimiento? ¿Me considero mejor que otros?
Mateo 18:4 (NTV). La humildad no busca exaltarse a sí misma, y revela cuán cerca estamos de Dios.
Una persona humilde escucha, es enseñable, reconoce sus errores y pide perdón con facilidad. La humildad abre puertas tanto en el cielo como en la tierra, y nos hace agradables delante de Dios y de los hombres.
Si queremos levantar una vida con bases sólidas, debemos obedecer lo que Dios nos ha pedido: hacer justicia, amar la misericordia y humillarnos ante Dios. Estas tres verdades, junto con la Palabra de Dios, la oración y la comunión con la iglesia, forman fundamentos firmes para una vida estable, bendecida y agradable al Señor.
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