Cuando Dios ya no es suficiente
Por: Pastor Martín Holguín
01/11/2020

Varias veces, en el Antiguo Testamento, encontramos la narrativa de Dios como el esposo e Israel como la esposa, a menudo infiel. Pablo usa también esta analogía de Cristo y la Iglesia como un novio y su futura esposa. Vemos cómo la Iglesia es representada como una novia a quien Jesús, el esposo, ama de tal manera, que ha sacrificado su propia vida para estar con ella eternamente.

Juan 14:3. El amor de Cristo para su iglesia nunca cambia, nunca mengua. Es siempre como un fuego intenso que no pierde su fuerza. Jesús espera el gran día de la boda en que regresará por nosotros para estar siempre con él.

Sin embargo, es la iglesia, somos nosotros, quienes tenemos que permanecer vigilantes, pues ese amor, de parte nuestra, puede fácilmente perder su intensidad y fuerza. Lo vemos con más frecuencia de la que nos gustaría; hombres y mujeres, que en un momento estuvieron llenos de compromiso, amor y devoción, los vemos alejarse de la fe, los vemos alejarse de su fuente de vida. Comienza sutilmente, imperceptiblemente… y si no actuamos rápido, puede ser demasiado tarde.

Apocalipsis 2:4-5 (NVI). Jesús mismo nos llama la atención. ¿De qué habla Jesús cuando se refiere al primer amor? No está hablando solamente de un sentimiento romántico, ni de una sensación de calidez. Está hablando de prioridades. Estos versículos nos hablan de prioridades.

Para un creyente, las prioridades deberían ser así: primero Dios y después su esposa, hijos, familia, etc… El tiempo que invertimos en algo, habla de la importancia que les damos. ¿Cuánto tiempo invertimos en buscar a Dios? ¿Cuánto tiempo invertimos hoy en redes sociales? No podemos decir que Dios es el primero en nuestra vida si dimos más tiempo a algo más.

¿Por qué dice Jesús que hemos caído? Porque tenerlo a Él como prioridad, es el lugar más alto donde podemos estar, fuimos creados para estar ahí. Cualquier otra cosa, es caminar por debajo de aquello para lo cual fuimos creados, es caminar lejos de nuestro llamado y propósito. Por eso hay insatisfacción en nuestras vidas. Si estamos buscando satisfacernos en otros lugares o en otras cosas, lo más probable es que hayamos dejado el primer amor.

Debemos arrepentirnos y hacer las primeras obras. Es decir, volver a darle tiempo a Dios, volver a invertir tiempo para conocerle, adorarle, estar en Su presencia. Las obras son las cosas que hacemos, a veces con mucho esfuerzo, pero que valen la pena para disfrutar de la persona que amamos.

Si no ponemos a Jesús en el primer lugar, el Señor mismo quitará nuestra luz; no podremos alumbrar en este mundo. Seremos iguales a los que están en la oscuridad, no tendremos esperanza para nosotros y peor podremos dar esperanza a los demás. Oscuridad también es sinónimo de engaño, es decir, que podremos ser muy fácilmente engañados por las mentiras de este mundo, porque la luz de la verdad no estará en nosotros.

Cuando Dios ya no es suficiente, para nuestro necio corazón, es cuando empezamos a tener problemas. Comenzamos a depender de otras cosas o personas como un suplemento del gozo de ser amados por Dios. Pensamos que nuestro cónyuge, o nuestros hijos, o más dinero, una apariencia diferente, o la aprobación de los demás, el éxito, incluso el ministerio, también son necesarios. Muchas veces estas cosas han reemplazado a Dios como la fuente de nuestro gozo, de nuestro contentamiento, de nuestro significado, de nuestra paz y de nuestra esperanza.

 

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