Hablaré lo que quiero que pase
Por: Pastor David Ingman
14/07/2019

La conocida predicadora Joyce Meyer, dijo que el campo de batalla más grande que tenemos que enfrentar en la vida, está en nuestra mente, lo cual es muy cierto; pero existe también una batalla constante en nuestra boca, que comienza en la mente y el corazón.

Salmos 141:3. Si el rey David escribió este salmo, debe haber enfrentado tal batalla en su vida, que le llevó a pedir ayuda a Dios para controlar las palabras que hablaba.

Charles Spurgeon, en un análisis que hizo del Salmo 141, escribió lo siguiente: “Si la lengua y el corazón de alguien, están bajo el cuidado de Dios, entonces todo está a salvo y seguro con esa persona.” Entonces lo opuesto también es verdadero: Si la lengua y el corazón de alguien NO están bajo el control del Espíritu Santo, entonces la vida de esa persona ¡está desprotegida y en peligro!

Durante su vida, el rey David fue difamado por sus enemigos e incluso por su propia familia, por eso entendió muy bien la importancia de controlar sus palabras. David vio venir en su contra a muchas personas con falsas acusaciones y palabras de juicio. Pero también vio cómo Dios juzgó a muchos, como a Saúl o a su propio hijo Absalón, por la forma en que lo persiguieron y hablaron mal de él.

Hechos 13:22. Cuando Dios dijo que David tuvo “un corazón conforme a mi corazón”, estaba diciendo que David tenía características muy similares a las de Dios mismo. David no pasó su vida hablando mal de otros, ni fue un chismoso o difamador. David no fue una persona negativa, y aún a través de sus peores situaciones, continuó honrando a aquellos a quienes Dios había ungido. A pesar de que David no fue un hombre perfecto y sin pecado, fue considerado el rey más grande que Israel tuvo, porque parece que no era un hombre de palabras ociosas, sino más bien un hombre que derramó su corazón al Señor en salmos, himnos y oración.

Proverbios 10:19. Salomón, el hijo de David y quien escribió Proverbios, debe haber aprendido esto de su padre. Y nosotros debemos entender un principio muy importante: las palabras que hablamos hoy, tendrán un gran efecto en lo que suceda en nuestra vida mañana. Por eso necesitamos ser diligentes y asegurarnos que sólo palabras positivas salgan de nuestra boca.

Joel Osteen dijo esto: “Usted no puede rodearse de gente negativa y esperar vivir una vida positiva.” ¿Por qué? Porque la gente negativa habla cosas negativas, y si estamos constantemente rodeados de ellos, entonces adquiriremos ese mal hábito.

Números 14:28 (NTV). Estas son palabras muy serias de parte de Dios. Por esta razón debemos, continuamente, renovar nuestra mente y entrenar nuestra boca con la Palabra de Dios. Las palabras que hablamos se convertirán en nuestra realidad.

Dios es un Dios de redención, por eso es tiempo de arrepentirnos y cancelar toda palabra ociosa que hayamos hablado. Es tiempo de cambiar el curso de nuestras vidas y hacer lo que debemos hacer para vivir una vida bendecida.

Buenas Confesiones y palabras para hablar sobre nuestras Vidas:

– Amo a todas las personas y no odio a nadie. Amo a Dios y al hombre.
– Camino por fe y no por vista.
– Camino en salud divina todos los días de mi vida.
– Soy un creyente y no un incrédulo.
– No me preocuparé por nada.
– Voy a perdonar en cualquier situación.
– No moriré, sino que viviré para proclamar la bondad de Dios.
– Soy un dador generoso, por lo tanto, recibiré generosamente.
– Prospero en cada área de mi vida.
– No chismeo ni hablo contra otros.
– Respeto a todas las autoridades en mi vida.
– Obedezco la Palabra de Dios y soy bendecido.
– Busco oportunidades cada día para bendecir a las personas.
– Soy una persona agradecida y no me quejo.
– Amo a mi familia y solo hablo bien de ellos.

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