La iglesia, un lugar de milagros
Por: Pastor David Ingman
15/09/2019

Hechos 5:12-16 (NTV). Una de las verdades más importantes que debemos conocer es que, de todos los lugares en el mundo, la Iglesia de Jesús es donde los milagros deben suceder. En este lugar, los milagros deberían ser algo normal, porque nosotros somos portadores de la presencia de Dios y su unción. El mundo está buscando una iglesia donde esté el poder del Señor.

Cuando Jesús caminó en la tierra, Su unción se evidenció por los milagros que hizo y las vidas que transformó. Desde los demonios hasta las enfermedades, ningún mal podía permanecer frente al poder que fluía de Él. Y, como seguidores de Cristo, tenemos acceso a esa misma unción y autoridad.

Romanos 4:17 (NTV). Cuando activamos nuestra fe, estamos siguiendo las pisadas de Abraham. Entendamos esto: Abraham nunca dudó en la promesa de Dios. Más bien, su fe se fortaleció, y mientras lo hacía, llevó gloria a Dios. Abraham estaba convencido de que el Señor era capaz de hacer cualquier cosa que promete.

Cuando enfrentamos tragedias en el camino, como enfermedad, pobreza o incluso la muerte de alguien cercano, es muy difícil encontrar la fuerza para activar nuestra fe y creer que Dios hará lo que dijo que haría. Por eso debemos ejercitar y poner a trabajar continuamente nuestra fe; es tiempo de “sacarla del estante” y usarla.

Veamos tres pasos que activaran, no solo nuestra fe, sino también la unción en nosotros:

1. Enfoquémonos en la Palabra de Dios. Colosenses 3:1-2 (NTV). Cualquiera sea la situación, debemos buscar en la Biblia versículos que se apliquen a esa necesidad, desechando todos los pensamientos negativos y de temor. Pongamos nuestros pensamientos en el cielo y en quien tiene la solución a cualquier problema.

2. Expresemos nuestra fe, es decir, declaremos la Palabra. Romanos 10:17. Debemos alimentar la mente y el corazón con la Palabra de Dios y confesarla, de esa manera permitimos que la unción fluya y la sanidad ocurra. Mateo 8:2-3 (NTV). El leproso puso una demanda de fe sobre Jesús.

3. Caminemos en la unción cada día. Hebreos 11:27 (NTV). No puede ser algo que hagamos “de vez en cuando”, sino que debe ser algo constante. Llamemos las cosas que no son como si fuera. Las promesas, para nosotros son invisibles, pero para Dios no lo son, Él sabe exactamente qué está pasando. Caminemos firmes, diariamente, detrás de lo invisible.

Mateo 21:22. ¿Por qué nosotros, los creyentes, muchas veces somos como el apóstol Tomás? “Si veo, creo”, pero eso no es fe. Lo único que tenemos que hacer es decidir creer con todo el corazón en las promesas de Dios.

 

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