Lo que el amor requiere
Por: Pastor Martín Holguín
28/02/2021

Los fariseos, en el tiempo de Jesús, se esforzaban en cumplir todo lo que demandaba la ley, pero la gran mayoría de ellos olvidaba la esencia de la misma: el amor y la misericordia. Ellos decían amar a Dios, pero ignoraban totalmente las necesidades de la gente. Entonces, Jesús entró en escena y simplificó todas esas leyes en un requerimiento simple… pero no más fácil.

Marcos 12:30-31 (NTV). De estos versículos podemos sacar las siguientes conclusiones:

– Amar a Dios y a las personas, están en el mismo nivel de importancia. No es que amamos a Dios y, si nos quedan ganas, amamos a los demás.
– Estos no son dos mandamientos que están en distinto orden de importancia, sino que son uno solo. No podemos separar el amar a Dios de amar a los demás; o cumplimos con ambos o no estamos cumpliendo ninguno.
– Si no obedecemos la segunda parte, la primera queda sin efecto. No olvidemos que amar a Dios requiere amar a la gente, lo uno no existe sin lo otro.

Ahora, eso no es todo. Antes de ir a la cruz, una de las últimas cosas que Jesús habla a sus discípulos es acerca de un nuevo mandamiento. Juan 13:34-35.

Jesús nos instruye a amarnos como Él nos ama. Pensémoslo por un momento: Él no nos manda a sentir algo, nos está ordenando hacer algo. Para Jesús, el amor no es un sentimiento, sino una acción. ¿Estaríamos dispuestos a dar la vida por alguien que no sea de nuestra familia? ¿Estaríamos dispuestos a sacrificar comodidad por ayudar a alguien más?

Todo esto y mucho más lo hizo Jesús, y lo hizo por cada uno de nosotros. Es una barra muy alta, un estándar muy grande, y si no fuera por el Espíritu Santo en nuestras vidas, sería imposible de alcanzar, pero esto es lo que el amor requiere. Entonces, ¿cómo podemos vivir cumpliendo lo que el amor requiere de nosotros?

1. Romanos 5:5 (NTV). Tenemos al espíritu Santo viviendo en nuestros corazones.
2. 1 Juan 2:10. 1 Corintios 13:5. Debemos recordar que, si Cristo lo hizo por nosotros, entonces también podemos hacerlo por los demás. El amor no busca lo suyo, no es egoísta. Si pecamos, es porque nos amamos más a nosotros mismos que a los otros. Si amáramos mejor a nuestro prójimo, el pecado no tendría lugar en nuestras vidas.
3. Jesús no ama al pecado, pero sí al pecador; nosotros debemos hacer lo mismo, así como Cristo nos ama a pesar de nuestras faltas. El amor es un arma y un escudo, nos da la victoria sobre nuestra propia carne y naturaleza egoísta.

Si buscamos poner el interés de los demás primero, estaremos cumpliendo con todo lo que Jesús requiere de nosotros. El amor es la ética que gobierna el Reino de Dios.

 

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