No pierdas tu filo
Por: Pastor Martín Holguín
28/03/2021

Un cuchillo afilado es muy útil, pero uno que no lo está, pierde completamente su propósito. Así somos los creyentes también: podemos perder nuestro propósito.

Vivimos en un mundo cuya corriente lucha, constantemente, en contra de nuestro avance. El mundo no es un lago, es un río. Si estamos en un río y dejamos de remar, la corriente nos va a arrastrar a lugares donde no teníamos planificado ir. Recordemos que nadie planifica caer, nadie planifica apartarse de Dios.

La comodidad y la complacencia pueden ser muy peligrosas. La complacencia es esa idea de sentirnos satisfechos con el estado de las cosas y no tratar de mejorarlas, en otras palabras, es conformarnos con el estado en el que estamos y empezar a descuidar lo importante.

La complacencia hace que nos mintamos a nosotros mismos, porque nos auto justificarnos y empezamos a buscar excusas de por qué no cambiamos. Nos hace encontrar errores en todos, menos en nosotros. La complacencia nos hace abandonar nuestro verdadero propósito, aquello para lo cual fuimos creados y puestos en este planeta. La complacencia en nuestras vidas, nos impide ser líderes en la familia y nos lleva a un aletargamiento. La complacencia nos lleva a dejar de lado aquellas disciplinas que nos mantienen afilados, vivos espiritualmente, animados y con el enfoque correcto.

Apocalipsis 3:14-19. Jesús nos advierte, a todos los creyentes, con el mensaje a la iglesia de Laodicea.

Laodicea era una ciudad muy próspera y rica que gozaba del favor de Roma. Al norte de esta, se hallaba la ciudad de Hierápolis, que era conocida por sus aguas termales y salutíferas. Hacia el sur, en cambio, estaba la ciudad de Colosas donde había fuentes de aguas frías, refrescantes y aptas para el consumo. Sin embargo, Laodicea tenía problemas con el suministro de agua, que llegaba a través de un acueducto desde Colosas. Este acueducto era de piedra caliza y, para el momento en que las aguas frías y limpias llegaban a Laodicea, estaban tibias y contaminadas, causando que la gente se enfermara.

Las Palabras de Jesús, entonces, no hablan de estar con el fuego de Dios, si no, más bien, nos confrontan a no dejar que el estilo de vida de nuestra cultura, nos lleve a la comodidad y a la complacencia, es decir, la tibieza. La iglesia de Laodicea cayó en la complacencia y se volvió inútil, así como el agua tibia que llegaba a su ciudad, se volvieron inútiles porque se adaptaron a su entorno. Llegaron a tener una actitud de “yo no necesito de nada, como estoy, estoy bien”.

Por eso, Jesús les dijo que compren de Él, oro refinado. Se puede comprar oro del mundo, pero es uno que perece, que aparenta tener valor; y este mundo esta lleno de cosas que aparentan tener valor, pero no es así.

Entonces, ¿cuánto tiempo invirtimos en “afilar” nuestra vida?

Hebreos 5:14. El alimento sólido es para los maduros, los que, a fuerza de práctica, están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo, pero si dejamos de afilar nuestros sentidos espirituales, vamos a dejar de tener esa capacidad.

Así que, seamos muy cuidadosos; la comodidad, la conveniencia, la paz y prosperidad se pueden convertir en algo peligroso si nos dejamos llevar por la complacencia.

 

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